miércoles, 2 de octubre de 2013

El tercer piso



Hoy, como hace un año cuando me encontraba en el último escalón antes de llegar al tercer piso, decido plasmarlo en palabras, finalmente he llegado. Y tampoco es un asunto de sentir pasos en la azotea o ir desarrollando las crisis características de esta década, no, solamente es de nueva cuenta hacer un balance de lo vivido.

Ahora en mis treintas, la esencia de quien siempre he sido sigue vigente, creo no haber traicionado lo que pienso y siento, sin embargo, puedo decir que cada aspecto que forma parte de la persona que hoy se erige en este mundo se ha ido adecuando a las necedades del mismo, de todos modos hay muchas cosas que aún no comprendo, no me gustan, no aceptaré y un millón y medio más que disfrutaré.

Debo decir que disfruto mucho mi fecha de cumpleaños, pues además de ser mi onomástico, al nacer se celebraban los nada gratos primeros 15 años de la matanza de Tlatelolco, hoy ya 45, hecho que sigue en la impunidad y solo la justicia de la vida se ha encargado de ir cobrando factura de tan lamentable masacre. Me enamora la idea de que haber nacido en este emblemático día ha forjado un cierto sentido de lucha y rebeldía, sin embargo aún me falta dejar huella y hacer a un lado el romanticismo revolucionario para verlo materializado en cualquier trinchera. ¡2 de Octubre no se olvida!

He tenido cuatro trabajos desde que gradué en 2004, solo uno de ellos tenía un tanto que ver con lo que estudie, sin embargo los demás han desarrollado habilidades en mi que ni siquiera creía poseer.  En este cumulo de experiencias me he dado cuenta que realmente vivimos para trabajar y para medio vivir, pero de lo bueno, este sentir me ayuda a ir construyendo mi emancipación laboral.

Lo que más disfruto de esta vida son de las buenas tazas de café, las cervezas frías servidas en una botella, la comida de mamá, los besos cálidos y prolongados de Ana, los espíritus revolucionarios, la amistad de Luis y Julio, el amor de mis hermanas, la ternura de mi sobrino, la creación de mi propia cerveza, las palabras de mi papá, las llamadas de mis abuelos, los fines de semana, las irreverencias de Bukowski, las pelis de Tarantino,el blues de Muddy Waters, el rock de los Stones, el futbol sin mayor análisis, las pláticas del acontecer de mi país, la música de Calamaro, los Tigres del Norte, ir al Ballet con mi esposa y caminar por la noche en la vieja ciudad de hierro; y un millo y medio más de tantas cosas más.

Aborrezco la mentira, la corrupción, la injusticia, las largas filas en el súper o en el cine, los odiosos políticos, a Peña Nieto, la matanza de Acteal y Aguas Blancas, la represión y violaciones en Atenco, la caída del sistema en el ’88, el fraude del 2006, la imposición del 2012,  las desapariciones forzadas desde el ’68, el coartar el derecho a manifestarse, los impuestos, los taxistas y chóferes de camión cafres, el reggeaton, la demagogia política adornada de ademanes fascistas, el PRI, el síndrome regio, la policía y la lista podría continuar, pero la modorra de esta hora no me deja sacar mas a colación.

Desde hace tres meses, el status de “single” paso al de “married” por lo que ahora más que nunca, todo lo que haga vale por dos, viviré por dos, sacaré el pecho para encontrarme con las balas por dos, construiré para dos, amaré por los dos, trabajaré por los dos, reiré por los dos, sembraré por los dos hasta que el tres llegue a ser el número que más nos importe a tu y yo.

Hay mucho que decir, y la mente te juega la mala pasada de que lo que querías escribir era otra cosa, aunque tal vez solo sea relevante para mi, pues aun no he escrito un libro, ni viajado a Europa, ni tampoco he vendido mi primera producción de birongas, pero en estos primeros 10950 días del resto de mi vida puedo gozar de la plenitud que el Creador en su infinita bondad puede brindar, aunque me quejo de todo, tengo todo, no tengo nada, no necesito nada, te tengo a ti, a mi familia, a mis amigos y a mi. Cada escalón ascendido merece la pena, algunos me agotaron y trastabillaron, otros simplemente pasaron, algunos sin sentido, sumergidos en la soledad, pero desde el piso 29 hasta acá la vida me sabe a vida, el amor si es lo que yo creía y el lienzo sigue en blanco para estamparle la tinta. En el tercer piso la vista es más bonita.





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