-Canción colombiana-
De pocas cosas puedo hablar que realmente disfruto, pero cuando mis labios se conectan con el primer sorbo del café se inicia la ingesta del combustible necesario para abrir los ojos y despertar mis sentidos. Recuerdo con nostalgia cuando me volví su amigo, eran esos tiempos de facultad donde las tareas que requerían mayor cerebro eran acompañadas de una taza de ese negro y dulce delirio. Me gusta la versatilidad que puede tener el café, lo puedes beber solo, mientras lees y te adentras en otros mundos en los que parece esta bebida coadyuva para sumarte a la lista de personajes y situaciones; a su vez puede ser el puente perfecto para entablar una relación con aquella mujer que te quita el sueño; aún más que el café. Entre amigos y confesiones el café viene bien. Como olvidarme de esas tertulias en el laboratorio de foto, parecía que para resolver todos los problemas del mundo solo nos bastaba un café en la mano y del otro lado el fumigante humo de un cigarro que nublaba las pláticas de Don Manuel, Toño y Paco.
Aquellas mañanas del otro lado de la frontera con los abuelos, en donde el café era la droga, como dice la abuela, en la que convergíamos, desatando las rabietas de Doña Dora pues Don Eulogio hacía un fastidiante y chistoso "campaneo" al agitar la cuchara. En fin, creo tener más historias, que tal vez con otro café vengan a mi mente. Confieso que no hay un solo día en que no coincidamos, de ley en las mañanas lo encuentro, de vez en cuando por las tardes hablamos; prescindir de el es un absurdo, el siquiera pensarlo me preocupa, ¡Vete de aquí pensamiento impuro que prefiero renunciar al aire que dejarme de ver en su reflejo obscuro!
