sábado, 28 de abril de 2012

Oda al café

"Me gusta el olor que tiene la mañana, me gusta el primer traguito de café"
-Canción colombiana-

De pocas cosas puedo hablar que realmente disfruto, pero cuando mis labios se conectan con el primer sorbo del café se inicia la ingesta del combustible necesario para abrir los ojos y despertar mis sentidos. Recuerdo con nostalgia cuando me volví su amigo, eran esos tiempos de facultad donde las tareas que requerían  mayor cerebro eran acompañadas de una taza de ese negro y dulce delirio. Me gusta la versatilidad que puede tener el café, lo puedes beber solo, mientras lees y te adentras en otros mundos en los que parece esta bebida coadyuva para sumarte a la lista de personajes y situaciones; a su vez puede ser el puente perfecto para entablar una relación con aquella mujer que te quita el sueño; aún más que el café. Entre amigos y confesiones el café viene bien. Como olvidarme de esas tertulias en el laboratorio de foto, parecía que para resolver todos los problemas del mundo solo nos bastaba un café en la mano y del otro lado el fumigante humo de un cigarro que nublaba las pláticas de Don Manuel, Toño y Paco.
Aquellas mañanas del otro lado de la frontera con los abuelos, en donde el café era la droga, como dice la abuela, en la que convergíamos, desatando las rabietas de Doña Dora pues Don Eulogio hacía un fastidiante y chistoso "campaneo" al agitar la cuchara. En fin, creo tener más historias, que tal vez con otro café vengan a mi mente. Confieso que no hay un solo día en que no coincidamos, de ley en las mañanas lo encuentro, de vez en cuando por las tardes hablamos; prescindir de el es un absurdo, el siquiera pensarlo me preocupa, ¡Vete de aquí pensamiento impuro que prefiero renunciar al aire que dejarme de ver en su reflejo obscuro!


martes, 17 de abril de 2012

Hacia donde van los sueños

De vez en cuando procuro soñar y creer que por un momento áquellos pensamientos que alberga mi sobreestimulada mente pueden materializarse.
He visto a los sueños ir y venir, a veces siento que se me escabullen y se pierden en las calles tristes de esta ciudad, desalmados y sin dueño, buscando un refugio, queriendo nacer.
A veces me he cuestionado si será redituable soñar, si realmente valga la pena echar a volar la mente y el corazón, también me he dado cuenta que lo que sueño lo sueñan también aquellos que buscan las libertades del alma y del ser, aquellos que parecen sin voz, que a veces lucen aletargados y sin interés, pero que por dentro su ser grita lo que muchas veces la rutina quiere acallar.

Dicen que soñar no cuesta nada, pero yo puedo decir que soñar desesperanza y asfixia un poco ese actividades inherente de hacerlo, pero en esa introspección que puede resultar incongruente se puede hallar vida y la razón de la misma, te puedo encontrar a ti y a mi, juntos soñando y caminando hacia el utópico mundo que por separado anhelamos y que en conjunto ahora construimos.

Te amo Gabo!

jueves, 5 de abril de 2012

Vacaciones y otras frustraciones

"Podría haber sido cualquier cosa, una flor en el balcón, algo vegetal, y afuera donde es verano, todos se van, todos se van."
-Andrés Calamaro-

El éxodo de vacacionistas de semana santa se aglutina buscando esa válvula de escape que los transporte a la irrealidad de su contexto local, la terminal alberga los deseos de descanso que merecidamente han fincado tras largas jornadas de trabajo, tráfico y estrés. El ambulatorio y la salas de espera se vuelven escenarios de familias emocionadas con niños mocosos y padres desatendidos de su cuidado, las señoras llegan gritándole por celular a la comadre de la aventura que emprenderán con el marido panzón que no se sabe si quiere o no largarse con ellos. Mientras tanto los jóvenes solo quieren ir a pistear y pasarla bien. Cuando veo pasar toda esa oleada de personas me cuestiono si esa crisis de la que tanto hablan realmente existe.
Del otro lado, del mío, me toca fungir como mero espectador de ese peculiar momento de clímax de los viajantes, se lidia con gente grosera, despistada y estresada por la desesperación de tomar ese avión que los aleje de todo; mientras tanto yo me siento como un perro hambriento tras la vitrina de una rosticería, viendo como los pollos giran y se regodean en su propio jugo, y pues para que unos disfruten otros tenemos que jalar.

Pocas veces siento ese tipo de frustración, bueno solo cuando son vacaciones, pero debo confesar que se aminora un tanto cuando la terminal se vuelve una pasarela.