martes, 2 de octubre de 2012

29 antes del tercer piso


La noche de ayer el sueño me sorprendió después de haberle dado dos bocanadas al pasado y caí rendido en los profundos brazos de Morfeo, a media noche la llamada de mi amor me despertó para felicitarme en la antesala al tercer piso, escuchar su voz me hizo saber cuan afortunado he sido.

Volví a dormir anhelando las mismas cosas de siempre, ese deseo de poder hacer lo que más me gusta aun no desaparece, ni tampoco el de la paz del mundo, el México que quiero y ese vocho de colección que de un tiempo acá me viene seduciendo.

Lo primero que escuché la mañana de este dos de octubre, que no se debe olvidar nunca, fue la llegada de mi hermana con mi sobrino, las 10 horas de descanso habían sido suficientes y ese balbuceo que desde hace seis meses se oye en casa despiertan el instinto paterno que debo ir forjando para cuando nuestro momento llegue.

Pedí mi día de descanso, aunque son muchos en el trabajo los que creo me aprecian igual al mismo número que el que no, decidí pasarla en casa sin la necesidad de tener que ir a lugar que por lo regular no quiero. Modorro y desorientado camine la ruta hacia el café que religiosamente bebo cada vez que despierto, no se desde cuando eso se volvió el remedio para estar sedado al calvario de la vida. 

Hago lo que me gusta, sin importar de que escriba, ya no me importa si Tigres va a segunda o Rayados canta copas restregándolas en las narices , da igual, eso dejo de importarme cuando me separé de la masa a la que no le han dicho que es solo un juego. Me gusta escribir, contar lo que pasa, ya sea de patadas, goles, carreras o encestadas, podría escribir de otra cosas, pero las cosas a veces nos eligen.

Un platón de cereal, pues desde hace tiempo que se metió en la cabeza la idea de comer sanamente para vivir más tiempo, sin embargo sucumbo fácilmente ante la comida que nocivamente prohíben e incongruentemente en cada esquina la puedes encontrar. Logré convertirme en el adulto contemporáneo que come mientras trabaja, pues hay que aprovechar el tiempo y son dos notas diarias que no se van a mandar solas, aunque a veces se queden en la bandeja de entrada de mi editora.

El día transcurre, es momento de hacer deporte y vuelvo a nadar, después de haberlo dejado 10 meses de tres años de rigurosa disciplina, con seis kilos de más desde la última vez y menos ágil sigo nadando lo mismo, no importaron los calambres para los 3500 metros que con aletas en hora y media me aventé.




Así, es así como he pasado el día de los 29 antes del tercer piso, con dolencias y achaques que cuando empecé esta década no tenía, con la experiencia y la nostalgia que se entrelazan para revolcarse en la cama de la verde juventud dejada atrás de una vida que realmente he disfrutado vivir.

 Sigo siendo un quejumbroso, obstinado, amargado, ácido, irreverente, insurgente, grillo, transeúnte de este mundo pies de plomo como diría el Mastuerzo, pero sigo afianzado a él, con la misma facha, con el mismo corazón, con un nuevo y único amor.

No se si la he vivido como debe de ser, aunque quien dice como debe serlo, pero me ha gustado como la he vivido, tal vez si volviera a suceder seguiría haciendo lo mismo.

Me ha dado cuenta que ahora me preocupo por lo que antes no, me da miedo cuando ocurre con las cosas menos importantes, pero así es,  son los estragos de ir creciendo, de vivir y sentir sin morir en el intento.

Aunque suene cursi  o crean que compré la idea de las obviedades que ahora promueven los mentores de una ¨buena vida¨, si hay mil razones por las que me podría quejar de mi vida, me ha pasado de todo, me ha dolido todo y no he conseguido todo, pero por cada una de esas cosas que me clavó una estaca, existe una que me hace reír y me olvidó de todo, no importa si es a costa mía, reírme de mi mismo ha sido el mejor habito que he aprendido.

Por eso hoy, en los 29 antes del tercer piso, sigo creyendo que esto es solo el inicio de una vida con verdadero sentido. 

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