sábado, 18 de febrero de 2012

Giros de 180

La ultima vez que vi al "Micklo" trabajaba como inspector de seguridad de una constructora, su andar por distintas empresas de vigilancia contratada lo habían llevado hacia ahí, y como muchos, solo cambiaban de uniforme, pero pareciese que su destino estaba marcado en el aeropuerto. Recuerdo que el, junto con "Chava", me habían invitado a pasar un sábado de fiesta con muchachas y alcohol, "Micklo" llevaría las amigas, nosotros lo demás. Preferí no atender a semejante invitacion y opte por hacer algo mas edificante. Francisco, nombre pila de "El Micklo" es un hombre blanco y de poco mas de treinta años, su voz pausada indica el estrago que la coca o la Mota provocaron durante esa imperante necesidad de querer escapar de lo simple a lo irreal. Meses después de que lo despidieran, de gorra y de sudadera, "El Micklo" espera ahora en la sala de abordar el avión que lo lleve a volar sin matar ninguna de las neuronas que le quedan, es un viaje fuera de las sustancias que lo mantenían cautivo, es un viaje para encontrarse con una de las tantas facetas de espiritualidad que el mundo maneja, El Micklo ahora ha rapado su cabeza y solo ha dejado un mechón sobre su nuca, en señal que ahora sus necesidaes son del alma, mas que carnales; y en un trayecto de varios escenarios pretende curtir ese lado que dicen es importante trabajar, enfilado hacia la capital,Francisco deja la obscuridad que aborrece en el, y con un estandarte de "Hare Krishna" busca ser otro, quiere cambiar.
Tarde o temprano, nos cansamos de lo que somos y buscamos ser lo que hemos querido siempre.

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