martes, 20 de diciembre de 2011

Un domingo, mucha gente y tu.


"Everyday is like sunday, every day is silent and grey"
Morrisey

La víspera navideña se veía colapsada con la marabunta de gente que se arrebolaba en los comercios, aquellos en los que más que ofrecer un producto pareciese que en sus aparadores se ofertaba la felicidad en diferentes precios, tamaños y estilos. Y es que este domingo precedía ,una semana antes, al tan esperado día en el que, lejos de  conocer la verdad del festejo, los sueños, ilusiones y aguinaldos se echan por la borda, pues total "para eso trabaja uno", pensarían muchos.
Sin embargo, para mí este domingo iba más allá de caer víctima del consumismo desmedido, pues si bien el levantarse temprano e ir a la iglesia hacen de este día algo especial.  El escuchar su voz del otro lado de la bocina de un teléfono que parecía empolvado infundirían en mi ese deseo un tanto cursi de pasar el rato con ella, una bella mujer de ojos prometedores escondidos tras los cristales de esas gafas gruesas, de pestañas largas como sus platicas y  labios rosados como el mejor vino que ahora sazona mi mesa. Caminar a su lado  y saber que en su mundo ahora me dibuja así como yo ahora la trazo en aquellas historias que muchas veces delineé en mi mente, en los que no existía un nombre, más estaban escritos los argumentos.  

No me importó hacerle frente al tumulto, los gritos de niños llorando por un juguete, o a los aullidos de aquellos que explotados por los deseos frustrados de los padres los exhiben como cirqueros de pueblo ante las multitudes, todo sea para que la gente conozca su “talento”, no, nada de eso pudo coartar esa sensación de quererse enamorar, aquel sentimiento que anhelamos cuando no tenemos a nadie y aborrecemos cuando queremos dejar de sentirlo;  ya fuera en esa librería llena de tanta “cosas para quemarse el cerebro”, como diría aquel imbécil,  o en esa tienda de mascotas en donde seres indefensos claman por su libertad, mientras los animales les ponen precio para que otros animales los compren y los presuman, estar con ella parecía un cuento.

La llovizna atenuaba aún más ese frío domingo que parecía de primavera, y aunque la cena fue mala, el servicio mediocre y la ingesta incómoda, la presencia de ella en mi mesa le quitaba lo que le sobraba a este hermoso día, es que deberían de verla ahí sentada, tan tranquila, es la antítesis de mi inquietante y desbocada forma ser, pensativa y a veces de pocas palabras, de profundos pensamientos y sutiles coqueteos, podría pasar totalmente en silencio a su lado y la quietud que su ser irradia me haría volcarme en un mar de sueños.  Este día fue una madeja de distintas experiencias  y diferentes escenarios, y ni ese neumático equivoco,de aquella conflictiva muchacha, le pudo quitar la alegría de haber compartido esos peculiares momentos.

De ella y de mí mas nada se, pero el vivir el ahora y descansar en el cuidado divino le da a todo lo anterior un matiz de confianza, un buen sabor de boca, que provoca y desespera, que apacienta e ilusiona; y aunque me pidió que hiciera una crónica de lo acontecido termine escribiendo esto, que si bien no dice mucho, pretende decir todo.

1 comentario:

  1. por pequeños detalles se hace un mundo hermano, cultiva tus experiencias para que goces del delicioso fruto del amor.

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